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fichas a mariana esposito
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La apuesta de Cris Morena


A los 14 años se luce como una de las nuevas huerfanitas de "Chiquititas". Ya tiene un camino andado y un futuro posible frente a cámaras.
AGUSTINA. Así se llama su personaje en la tira que va todas las tardes por Telefe.

Risa franca, ojos brillantes, espontaneidad y simpatía para repartir son los rasgos de Mariana Espósito en la primera impresión. Con sólo 14 años (que por su figura menuda representan un poco menos) asoma como una de las elegidas por Cris Morena para moldear como futura estrella televisiva. Hoy le da vida al personaje de Agustina en Chiquititas (Telefé).

"Al primer casting que fui en mi vida quedé. Pero me llevó una amiga de mi mamá, porque en mi familia no querían saber nada. En el casting todas las chicas eran rubias y tenían representantes o habían ido recomendadas por una agencia. ¿De dónde venís?, me preguntaron. De mi casa, les dije yo. Todo el mundo se largó a reir y yo me enojé. Pero se ve que les gustó porque quedé", cuenta. Por entonces tenía 10 años y todo fue un gran juego, una calesita de la que no se bajó nunca más.

"Me interesa mucho aprender, por eso me gusta tener directores de actuación como tenemos en la tira. Te tenés que poner las pilas y observar mucho a los actores más experimentados. Yo me siento como una esponja", describe, verborrágica y chispeante.

De chiquita (más chiquita) era la payasa de la familia y veía las tiras de Cris como muchas nenas de su edad, pero no se le pasaba por la cabeza estar del otro lado de la pantalla. Ahora no se imagina haciendo otra cosa.

Mariana arranca a las 7 de la mañana, cursando segundo año en el Colegio San Vicente de Paul, en Parque Patricios, el barrio donde se crió y vive con su familia (papá, mamá y dos hermanos mayores). A la hora del almuerzo, pasa muy rápidamente por su casa, come algo y hace un viaje de 50 minutos hasta el estudio de Martínez. "Ese es el momento para estudiar la letra". A las ocho, su mamá la pasa a buscar y vuelven a su casa, a cenar. En los altos de la grabación, Mariana, como el resto de los chicos del elenco, hace la tarea y estudian. Eso sí, admite que cuando está muy cansada la gana el mal humor y "me pongo rebelde".

Su personaje en Chiquititas es el de una huérfana que tuvo muy buena educación y ayuda todo el tiempo al resto de los chicos. "Tuve escenas muy jugadas, como enterarme de que mis padres habían muerto", dice y arriesga su propia teoría sobre la actuación. "Creo que es un error pensar en algo de tu vida personal para entrar en clima. Me parece que eso te distrae de lo que le pasa la personaje. Yo, en cuanto escucho acción, me meto enseguida en la escena".

Mientras habla, en lo que quedó del decorado de Gran hermano (que ahora los chicos del elenco usan de sala de estar para relajarse y hacer la tarea), se escucha a ella misma en una escena de la tira. Uy, ahí estoy llorando, dice y parece volver mentalmente a esa situación, para retomar, un instante después, la charla.

Aunque no lo parezca, dice ser un poco vergonzosa. Pero como actriz que se considera, a la hora de los besos en la ficción, hace su trabajo. "En la novela me beso mucho con Peter, que hace de Tábano. Mi papá no lo mira porque casi se muere", comenta, risueña. En la vida real, todavía no llegaron los besos verdaderos.

Responsable y autocrítica, según se define, jura que si tuviera más tiempo se pondría a estudiar actuación, canto y hip-hop. "El colegio no me gusta nada, pero sé que lo tengo que hacer y me va bien. Además, cuando termine la secundaria quiero estudiar cine", anticipa.

Admiradora de Johnny Depp, Mariana es consciente de que tiene mucho por delante, también para aprender. "Escucho mucho a la gente grande, me encanta sentarme a escuchar y ver. Además, mis padres me dicen todo el tiempo que ponga los pies sobre la tierra. Y está bien, porque hay que saber ubicarse, sobre todo en esta profesión. No creerte que vas a tener siempre un Vélez lleno, como pasó con Floricienta. Lo bueno es poder pasarla bien".-